“Hoy en día, cuando la vida se pone pesada o me siento bajoneada, sé que cuento con mi instrumento y con profes de corazón noble con quienes me puedo desahogar, sabiendo que siempre me van a tender la mano.”
“Entré enfocada en el canto, pero mientras ensayaba, veía llegar a otros niños con sus instrumentos y los ojos se me iban detrás de ellos. Decía entre mí: “¡Uf, qué belleza cómo suena eso!”. Hasta que un buen día me le medí al piano... ¡y ahí empezó la verdadera aventura!”
“Hoy la música dejó de ser solo un par de canciones de fondo: para mí se convirtió en mi voz, en mi forma de desahogarme y en la certeza de que nunca más voy a estar solo.”